20 julio 2005

Todo vale

Compadece uno a ese hombre, o grupo, que se decidió a celebrar una barbacoa un día de intenso viento junto a un trigal. Les compadece porque, posiblemente, sean personas normales y corrientes que no tenían conocimiento ninguno sobre barbacoas o fuegos, y decidieron que divertirse comiendo chorizos era, pese a las recomendaciones de los vigilantes, más divertido que pasar por domingueros corrientes, de esos que ni hacen fuegos ni nada.
Les compadece, además, porque en su normalidad lamentarán y llevarán sobre su conciencia la muerte que han causado, con su negligencia, a once personas, y tal peso no debe ser ligero.
Una vez más, se demuestra que la voluntad personal está por encima del más elemental sentido común. La gente no obedece a razones, sino que actúa como tiene a bien, que, para desgracia de todos, suele ser de la peor manera posible. Y lo más triste es que, viendo a todos esos adolescentes que pululan por ahí, sin saber siquiera escribir sus nombres sin cometer faltas de ortografía, el futuro que nos espera es el del egoísmo como seña de identidad, el del todo vale.

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