27 julio 2005

Tarde

Parece como si todo sucediese tarde. Quiere uno decir que los responsables del gobierno y el Estado, que deberían estar un paso por delante de todo, siempre actúan a posteriori, cuando las vidas de algunos han actuado como detonante para entender la carencia de medios que se necesitaba. Por ejemplo, el incendio de Guadalajara, que, se debiese o no a un fallo humano, podría haber sido mejor controlado de contar con mejores dotaciones de servicios forestales. Y así podríamos citar unos cuantos ejemplos.
Lástima que los de arriba siempre estén más ocupados con tramas que al pueblo llano nada proporcionan, porque el cogollito de la élite está demasiado preocupado mirándose el ombligo. El G8 anda discutiendo, entre copas, cenas y cócteles, la reducción de gases que jamás llega; los líderes internacionales se reúnen para firmar acuerdos en magníficos hoteles que nunca llegan a llevarse a cabo... El cuento de nunca acabar.
La sociedad del bienestar en la que (supuestamente) vivimos nos obliga y restringe cada vez más; las libertades de unos pocos coartan las de una gran mayoría, pero seguimos sin protestar, porque la consigna del siglo XXI es agachar la cabeza y rendirnos.

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