22 julio 2005

Miedo



De nuevo el miedo se instala en Londres, pero uno no puede dejar de pensar en que el miedo lo tenemos todos, el miedo a que nos toque a cualquiera de nosotros en cualquier lugar, en cualquier momento. Los culpables del miedo, sin embargo, viven tranquilos y seguros, alejados del campo de batalla en el que se ha convertido el mundo, todo el planeta, sin excepción.
Siempre unos pocos consiguen enturbiar la convivencia de muchos, por beneficio personal, normalmente. El terrorismo es deleznable, pero no menos reprobable es utilizar tecnologías modernas y pretextos atávicos para desencadenar odios y miedos, con el único fin de enriquecerse un poco más o tener contentos a los privilegiados que apoyan su postura.
En algún momento la situación se tornará insoportable, porque el fanatismo que impregna a todos (da igual sus creencias, da igual su religión) es peligroso y traicionero, y nos llevará a todos a la vorágine de destrucción que parece que no paran de buscar.
Uno espera, simplemente, no estar aquí para verlo.

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