16 julio 2005

Desastres naturales

Ha leído uno que las radiaciones provocadas por el incidente de Chernobil permanecerán en la atmosfera durante 24.000 años: ahí es nada. Pocas cosas hará el hombre más duraderas, desde luego, porque para entonces el mármol del Moisés habrá quedado reducido a polvo.
No cabe sino preguntarse en qué demonios perdemos el tiempo durante los 70 u 80 años de nuestras vidas, cuando parece que una minoría de chiflados se encargan de atentar contra el planeta y, por ende, contra nosotros mismos. Como muchas veces (demasiadas, me temo) se ha dicho en este blog, la gente se preocupa por nimiedades y se lanza a protestar por menudencias cuando lo verdaderamente importante, lo cruel, lo inhumano, lo caótico, lo peligroso, ocurre frente a nuestras narices, sin que nadie se esfuerce por ocultarlo y, lo que es peor, en la mayoría de los casos vanagloriándose de ello.
Desde toda esa clase de políticos y empresarios preocupados en amasar fortunas que no podrían gastar ni tres generaciones de Paris Hiltons, pasando por presidentes y accionistas de megacorporaciones, hasta esos simple descerebrados que abandonan el brick de vino en el césped donde se lo embaulan, todos contribuyen a hacer del mundo algo peor. Y los demás, aquí, padeciendo.

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