30 julio 2005

Delitos y faltas

Se entera uno de que a Farruquito le han condenado a 16 meses de cárcel, desestimando la petición del fiscal de que estuviese encerrado por cuatro años. Esto significa, probablemente, que en apenas cuatro meses podrá estar en su casa bajo prisión preventiva. Se preguntaba un locutor de la radio si esta sentencia hubiera sido igualmente aplicada de haber sido un conductor anónimo el causante del atropello. Bien, se le puede contestar con rotundidad que no.
La justicia, como de todos es sabido, tiene el fiel de la balanza un poco oxidado y se suele inclinar hacia donde sopla el viento más fuerte, o que más aroma trae a dinero. Farruquito ha sido perdonado (pese a tener que pasar algunas semanas entre rejas) por matar a una persona, así de sencillo. Y ha sido tratado con guante de seda porque tenía detrás mucho dinero y mucho revoloteo mediático. La cuestión pura y simple es que una persona que no tenía carné de conducir atropelló a un peatón y acabó con su vida, dándose a la fuga después y mintiendo cuando posteriormente fue interrogado, y no castigar eso es una negligencia inasumible por la justicia.
Hace unos pocos días aparecía en un programa de Tele 5 ese conato de persona que es Dinio alardeando de haber aprobado el examen teórico de conducción y proclamando (¡por televisión!) que todos estos años atrás ha estado conduciendo sin carné. Cuántas personas verían ese programa y le reirían al esperpento cubano sus gracietas, sin caer en la cuenta de que eso constituye un delito y el tipo debería estar encerrado en una celda.
Pero, como siempre, el país de la pandereta se regocija con los animales mediáticos y ríe y aplaude sin cesar. Entretanto, la libertad de la que “gozamos” se ve amenazada por unos fanáticos que creen que la democracia consiste en robar recursos naturales a los más pobres de la tierra. Aunque lo que nos preocupe más sea que se casen dos hombre o dos mujeres.

28 julio 2005

Los políticos (que más que nunca han decidido convertirse en dictadores) se han refugiado en la excusa del terrorismo global para amparar cualquier tipo de medida que convenga a sus intereses. El mundo se está convirtiendo en un campo de batalla en el que todo vale, pero los que pagan las cuentas de las ínfulas de los de arriba son siempre los mismos. Los muertos en Irak se multiplican sin cesar, aunque los nombres y apellidos de las víctimas de los atentados de Londres parecen ser más importantes que las vidas incógnitas de aquellas gentes, que han sido invadidas y ocupadas por amor a la democracia.
Se pregunta uno qué clase de persona puede ser aquella que justifica las muertes por razones de ideología; ideologías, las más de las veces, adaptadas a las necesidades de cada cual, que normalmente son las de enriquecerse a toda costa.
Y ahora, disparar a matar. Pero matar... ¿a quién? NO MAS DISPAROS A MATAR

27 julio 2005

Tarde

Parece como si todo sucediese tarde. Quiere uno decir que los responsables del gobierno y el Estado, que deberían estar un paso por delante de todo, siempre actúan a posteriori, cuando las vidas de algunos han actuado como detonante para entender la carencia de medios que se necesitaba. Por ejemplo, el incendio de Guadalajara, que, se debiese o no a un fallo humano, podría haber sido mejor controlado de contar con mejores dotaciones de servicios forestales. Y así podríamos citar unos cuantos ejemplos.
Lástima que los de arriba siempre estén más ocupados con tramas que al pueblo llano nada proporcionan, porque el cogollito de la élite está demasiado preocupado mirándose el ombligo. El G8 anda discutiendo, entre copas, cenas y cócteles, la reducción de gases que jamás llega; los líderes internacionales se reúnen para firmar acuerdos en magníficos hoteles que nunca llegan a llevarse a cabo... El cuento de nunca acabar.
La sociedad del bienestar en la que (supuestamente) vivimos nos obliga y restringe cada vez más; las libertades de unos pocos coartan las de una gran mayoría, pero seguimos sin protestar, porque la consigna del siglo XXI es agachar la cabeza y rendirnos.

23 julio 2005

Continuidad

Otros tres coches bomba (dicen, por ahora) han explotado en El Cairo y han matado a más de ochenta personas, entre turistas y habitantes de la ciudad. La policía de Londres no explica por qué disparó contra el hombre que murió ayer en una estación de metro y si es cierto que lo remataron en el suelo sin, aparentemente, motivos para hacerlo. Algunos imanes lanzan mensajes de aliento a los musulmanes para que continuen los ataques…
Tal vez en 1937 o 1938 la gente vivía en psicosis similar, quién sabe, pocos habrá ya para recordar, pero tiene uno la sensación de asistir al desmoronamiento de algo, la decadencia de todo un mundo, similar a aquello que Spengler, sesgadamente, preconizaba en el siglo pasado. Parece como si Occidente hubiese exprimido del todo su poder, su influencia, y estuviese comprendiendo, de una manera dolorosísima, que no quedan más que unas gotas por extraer. Tal vez las terneras de Damien Hirst no sean simples actuaciones aprovechadas y repugnantes, sino la muestra de todo lo podrido y falso que la civilización, tal y como la entendemos, ha devenido.
Quizás nuestras ideas deberían empezar a cambiar, a adaptarse a una situación que, por nueva, nos parece amenazadora, pero que deberíamos tratar de aceptar y hacer entender, por todos los medios, a esa clase elitista que, alejada de todo lo mundano, gobierna el mundo (sin distinción de fronteras o países) para provecho propio. El movimiento antiglobalización es un primer movimiento de peón en esta partida que acaba de empezar y que, actualmente, los de abajo perdemos.

22 julio 2005

Más miedo

Hace unas horas la policía ha matado a un sospechoso en el metro de Londres*. Quizá haya empezado una espiral de la que sea difícil escapar...

Miedo



De nuevo el miedo se instala en Londres, pero uno no puede dejar de pensar en que el miedo lo tenemos todos, el miedo a que nos toque a cualquiera de nosotros en cualquier lugar, en cualquier momento. Los culpables del miedo, sin embargo, viven tranquilos y seguros, alejados del campo de batalla en el que se ha convertido el mundo, todo el planeta, sin excepción.
Siempre unos pocos consiguen enturbiar la convivencia de muchos, por beneficio personal, normalmente. El terrorismo es deleznable, pero no menos reprobable es utilizar tecnologías modernas y pretextos atávicos para desencadenar odios y miedos, con el único fin de enriquecerse un poco más o tener contentos a los privilegiados que apoyan su postura.
En algún momento la situación se tornará insoportable, porque el fanatismo que impregna a todos (da igual sus creencias, da igual su religión) es peligroso y traicionero, y nos llevará a todos a la vorágine de destrucción que parece que no paran de buscar.
Uno espera, simplemente, no estar aquí para verlo.

21 julio 2005

Fuego

Siempre las mismas actitudes repugnantes: los políticos peleándose como colegiales en el Congreso cuando la gente muere porque el Estado carece de medios suficientes para sofocar un incendio y evitar que se pierdan vidas humanas. Ruedan cabezas, sí, pero qué lástima que un país seco como es éste, donde los incendios aumentan año tras año y se conoce la amenaza que suponen, no esté equipado convenientemente para combatirlos. Es más sencillo tirarse los trastos a la cabeza después, cuando el mal está hecho. Algunos se frotarán las manos y otros echarán balones fuera, pero todo permanece siempre igual: la desidia y la indiferencia ante lo importante parece adueñarse de los políticos cada vez más, sin distinción de ideologías o partidos. Tal vez deberíamos votar en blanco, como alguien sugería, en las próximas elecciones.


20 julio 2005

Todo vale

Compadece uno a ese hombre, o grupo, que se decidió a celebrar una barbacoa un día de intenso viento junto a un trigal. Les compadece porque, posiblemente, sean personas normales y corrientes que no tenían conocimiento ninguno sobre barbacoas o fuegos, y decidieron que divertirse comiendo chorizos era, pese a las recomendaciones de los vigilantes, más divertido que pasar por domingueros corrientes, de esos que ni hacen fuegos ni nada.
Les compadece, además, porque en su normalidad lamentarán y llevarán sobre su conciencia la muerte que han causado, con su negligencia, a once personas, y tal peso no debe ser ligero.
Una vez más, se demuestra que la voluntad personal está por encima del más elemental sentido común. La gente no obedece a razones, sino que actúa como tiene a bien, que, para desgracia de todos, suele ser de la peor manera posible. Y lo más triste es que, viendo a todos esos adolescentes que pululan por ahí, sin saber siquiera escribir sus nombres sin cometer faltas de ortografía, el futuro que nos espera es el del egoísmo como seña de identidad, el del todo vale.

18 julio 2005

Harry Potter

La magia de nuevo en las librerías, dicen, aunque a uno lo que le gustaría es trabajar en Bloomsbury, porque podría retirarse a una isla desierta y aún le sobraría dinero como para cenar caviar y langosta hasta el año 4065.
Dicen por ahí que todo este fenómeno de Potterismo es bueno para la literatura, no sólo por las ventas, sino por la cantidad de lectores que puede llegar a generar. Uno, personalmente, duda mucho que los niños y chavales que leen "Harry Potter" se enganchen a la lectura después del despliegue mediático al que se ven sometidos, pero como es posible que, de cada veinte, al menos uno le coga el tranquillo a eso de abrir libros, pues tragaremos con el asunto.
Una lástima que todos esos padres que hacen colas en las librerías para regalarle a sus hijos el best-seller en cuestión, no se pasen por esos mismos locales de cuando en cuando para animar a los retoños a que lean; y, de paso, a leer ellos mismos.

16 julio 2005

Desastres naturales

Ha leído uno que las radiaciones provocadas por el incidente de Chernobil permanecerán en la atmosfera durante 24.000 años: ahí es nada. Pocas cosas hará el hombre más duraderas, desde luego, porque para entonces el mármol del Moisés habrá quedado reducido a polvo.
No cabe sino preguntarse en qué demonios perdemos el tiempo durante los 70 u 80 años de nuestras vidas, cuando parece que una minoría de chiflados se encargan de atentar contra el planeta y, por ende, contra nosotros mismos. Como muchas veces (demasiadas, me temo) se ha dicho en este blog, la gente se preocupa por nimiedades y se lanza a protestar por menudencias cuando lo verdaderamente importante, lo cruel, lo inhumano, lo caótico, lo peligroso, ocurre frente a nuestras narices, sin que nadie se esfuerce por ocultarlo y, lo que es peor, en la mayoría de los casos vanagloriándose de ello.
Desde toda esa clase de políticos y empresarios preocupados en amasar fortunas que no podrían gastar ni tres generaciones de Paris Hiltons, pasando por presidentes y accionistas de megacorporaciones, hasta esos simple descerebrados que abandonan el brick de vino en el césped donde se lo embaulan, todos contribuyen a hacer del mundo algo peor. Y los demás, aquí, padeciendo.

11 julio 2005

Repugnancia

Aunque no iguale la repugnancia que causa el atentado del jueves, cuán desagradable es ver a nuestros politicastros tirarse los trastos a la cabeza los unos a los otros, acusándose de mentirosos o negligentes. Tal vez deberían replantearse, ellos que tienen la capacidad (supuestamente otorgada por nosotros, con nuestro votos) de tomar decisiones, qué clase de política -global o local- están haciendo, y en qué están convirtiendo el mundo. No quiere uno pensar qué nos espera de aquí a unos cuantos años.

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