13 junio 2005

Lo que nos rodea

Esta mañana, en el autobús, había una muchacha, sentada dos asientos a la derecha de uno, que a mitad del viaje se echó a llorar. Las lágrimas le fluían como un torrente rostro abajo y sollozaba quedamente, sin ganas, como tratando de que los demás pasajeros no se apercibiesen de su pena.
Así ha pasado buena parte del viaje, secándose con un pañuelo la cara de cuando en cuando y derramando lágrimas sin cesar, atravesada de mucho dolor, a tenor del rictus que mostraba. Pero hete aquí que una mujer, ya mayor, tal vez de unos sesenta o sesenta y cinco años, se ha dado cuenta de que la muchacha (bien joven, no pasaría de los treinta) no hacía más que llorar y llorar, y se ha levantado de su asiento para acudir a sentarse junto a ella. La joven ni la ha mirado, más bien se ha dado vuelta para que su cara quedase mirando hacia la calle por la ventanilla y la señora no pudiese contemplar su pena tan de cerca. Sin embargo, la señora le ha puesto la mano en el hombro, con extrema suavidad, y le ha susurrado algunas palabras, imagino que para atraer su atención, acariciándola con cariño, hasta que la chica ha cedido y la ha mirado a los ojos, con los suyos aún empapados por las lágrimas.
No escuchaba lo que se decían, porque hablaban en voz baja, sin alharacas, como tratando ambas de no llamar la atención, pero la señora acariciaba el hombro de la muchacha y la tranquilizaba de manera visible, porque la chica ha dejado de llorar al poco e incluso ha sonreído un par de veces, con semblante agradecido, mientras asentía escuchando a la mujer, tranquila y sosegada.
Poco más he podido observar antes de apearme donde me corresponde, para acudir a un trabajo donde la gente engaña, se trata con desprecio o (en el mejor de los casos) indiferencia y la tónica habitual es salir por la tarde con una sensación de desasosiego y hartazgo muy desagradables. Pero eso se acabó. Ha sido uno testigo de algo maravilloso, que tiene que contener un significado que sólo entreveo, sólo percibo vagamente, pero que existe, es real y nos rodea.

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