15 junio 2005

El trabajo, el estrés y otras cosas

Qué duro es esto de publicar y actualizar el blog de uno en pleno trabajo: cada vez que uno de mis jefes (tengo cuatro... tela) pasa cerca de mí, tengo que pulsar Alt+Tab y poner cara interesante y concentrada, no sea que se percaten de que estoy mirando Blogger, o intentando descubrir cómo funciona Blogshares (si alguien me lo cuenta, le quedo eternamente agradecido), o colgando imágenes en Flickr. Cualquiera que lea esto pensará que no tengo mucho que hacer a lo largo del día, pero nada más lejos de la realidad. Trabajo ocho horas como un auténtico operario del siglo XIX, aunque para mis responsables nada es suficiente, y aunque mi esfuerzo levantaría una estatua ecuestre en menos de dos horas, el caso es que me gano broncas por no escribir informes en tres minutos o cosas similares.
Creo que acabaré pidiendo un crédito, endeudándome hasta el cuello y montando una librería, que no me dará de comer, desde luego, pero me permitirá no aguantar a gente cuyos méritos son inexistentes y que, por el simple hecho de estar jerárquicamente por encima de mí, se creen con el derecho de hacerme la vida imposible.
¿Para cuándo el "Día sin Jefes"?

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