06 junio 2005

Diferencias

El sábado 4 de julio se reúnen en Madrid cientos de miles (diferentes apreciaciones, como siempre, según las fuentes) de personas, tras la convocatoria de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, en una manifestación multitudinaria para exigir al gobierno que no entable diálogo con la banda terrorista ETA y continúe la política marcada por el pacto antiterrorista que se ha seguido en los últimos años.
En esta congregación se observa la profusión de banderas de España, de gritos a favor de la unidad de la patria y de masiva asistencia de un solo partido, ahora en la oposición, que convierten la manifestación en un acto contra el ejecutivo en el poder, más que una demostración lícita y pública de rechazo ante un proyecto o ley. El ex-presidente del gobierno, José María Aznar, encabeza, junto a altos cargos del Partido Popular, la marcha, repleta de pancartas descalificando a José Luis Rodríguez Zapatero y su gobierno.
A estas alturas, uno cree ya haber visto y oído de todo. En los últimos años hemos contemplado todo tipo de despropósitos políticos, de salidas de tono, de acciones que rozaban lo ilegal, de insultos, de leyes anti-populares, de decisiones que no correspondían con el sentir de una mayoría de población, de robos, de prevaricaciones, de actitudes vergonzosas, etc. Pero esto roza ya el absurdo. Y es, por ello, mucho más peligroso.
Dejando aparte consideraciones morales, las víctimas no pueden utilizarse de modo partidista. Cada uno es libre de adherirse a la corriente que más justa considere, pero no puede enarbolarse como símbolo de unidad territorial el dolor y la muerte, porque es un juego sucio, repugnante y despreciable. La oposición a ciertas ideas es deseable y, en ocasiones, necesaria, pero no arrogándose el derecho de usar el sentimiento y la pérdida como un arma que pueda utilizarse para zancadillear un proyecto.
Que ETA es una banda formada por asesinos y terroristas, todos lo sabemos. Con este tipo de gente no caben medias tintas, ni cesiones, ni perdón. Pero el diálogo no entraña nada de eso. El establecer conversaciones con representantes de la banda no significa ceder terreno en materia de política antiterrorista, ni soltar a los presos, ni rebajar las penas. Esas conversaciones, como queda claro en el proyecto refrendado en el Congreso de los Diputados por todos los partidos políticos con representación parlamentaria, excepto uno (el PP), sientan como condición que los terroristas abandonen las armas y no exijan al gobierno un precio político. Acusar, pues, al ejecutivo de “traicionar” a los muertos es, primero, hacer uso de un lenguaje espurio y bellaco, y segundo, erosionar los fundamentos de un estado de derecho que otorga la posibilidad de llevar a cabo ciertas iniciativas con el apoyo de una mayoría.
Agruparse bajo una bandera que unos cuantos consideran patrimonio personal y bajo unas víctimas que, lamentablemente, no tienen ya voz para expresar su parecer, es algo indigno de un partido político. El lugar para hacer oposición es el Parlamento, con ideas, con proyectos y con hechos. Es notorio que este gobierno no hace las cosas bien, pero, en este caso, se ha elaborado un proyecto, se ha presentado a consulta y ha recibido el refrendo de la mayoría del Congreso, por lo que, aun en contra, habría que optar por observar cómo se desarrollan los acontecimientos. Si acaso ese diálogo implicase, más adelante, la concesión de derechos (rebajas de penas, encarcelamientos) que la sociedad no considerase adecuados o justos, entonces sería el momento de intentar para los pies al ejecutivo y apercibirle de su error, pero no antes.
No puede olvidarse, además, que los que el domingo caminaban tras las pancartas también sostuvieron diálogos con ETA (a la que, en aquel entonces, denominaban con otras siglas más telúricas) hace siete años, como otros ejecutivos antes que éste, aunque, desgraciadamente, los esfuerzos resultaran infructuosos.
Es peligroso lanzar mensajes de desunión como los que se pudieron ver el domingo, pero más triste resulta ver que esas proclamas venían de bocas que representan a una mayoría de españoles en el Congreso. Es triste asistir a un espectáculo que utiliza a los muertos como arma arrojadiza en un debate político. Pero, sobre todo, es denigrante que unos pocos (o muchos, tanto da) se crean en la obligación de utilizar la unidad nacional como argumento en una discusión que no versa en absoluto sobre ello.
Ojalá pronto podamos dejar de ver esta polarización de opiniones y lleguemos a una diferencia sosegada y constructiva de ideas; aunque mucho me temo que no sea posible.

Comments:
¿nada de amnistías ni de concesiones políticas? cuanta sandez, cada acto del gobierno está siendo y será una cesión a los pistoleros. Propongo que cambies el nombre de tu blog y en lugar de la magdalena lo llames LA TORTA DEL FENIX, es que ni te enteras por donde van los tiros y para colmo se te ve mucho el plumero. Debes de ir a las manifestaciones del Cerolo, te pega. No te equivoques cuando la gente sale a la calle convocada por la AVT no sale porque lo pida el PP (muchos no hemos votado nunca PP, pero estamos con las víctimas), y si un dia el PP hace como el PSOE saldremos a la calle también. Pero te doblas muy bien a la jerga oficial, esa de que un partido que representa a la mitad de los españoles está solo y que por eso las decisiones son respetables. Ocultas que en política antiterrorista siempre se ha actuado con consenso de los dos partidos mayoritarios (aunque fijate ahora nos enteramos que unos jugaban a dos barajas, mientras con una mano firmaban pactos con la otra negociaban con eta). Lo dicho, tu post no es mas que una opinion infame y desinformada, llena de hipocresía y politiquería barata. Cuanto hipócrita
 
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