17 junio 2005

El estado del mundo II

Menudo día que se presenta mañana: manifestaciones, manifestaciones y más manifestaciones. A este paso, España va estar más tiempo en la calle que en su casa. Ojalá y los motivos fuesen respetables, y no se dedicasen a levantar pancartas todos esos que se arrogan la autoridad moral de decidir por los demás.
Sin embargo, dado el estado del mundo, a uno no le extraña que obispos, partidos políticos y otras instituciones de carácter moralizante se lancen con sus soflamas a la rúa, porque si la señora Botella se descuelga con declaraciones como ESTAS, pues qué se puede hacer; y eso que es concejala de Asuntos Sociales en Madrid, porque habría que verla en departamentos de propaganda... Y para que no se diga que todos son voces pseudo-progres, como muestra un botón.
Veremos qué ocurre después de tanta movilización: nada, obviamente, porque de ruido y furia está lleno el mundo y han pasado varios siglos sin que nos hayamos extinguido. Pero qué bueno sería despertarse un día y no leer titulares como los que leemos, ni escuchar declaraciones como las que escuchamos. Tal vez sería más práctico para todos dedicarse a paliar la miseria que aún persiste en todo el globo y dejarse de pequeñas e infructuosas disputas. La libertad es para todos, sin banderas ni pancartas, y todos deberíamos tenerlo presente.

16 junio 2005

Matrimonio malo

Pues, finalmente, parece que habrá contramanifestación, después de todo, lo cual está muy bien, porque, ya lo dice Ana Botella: "la calle es de todos". Hace unos años esa frase hubiera sido desoída y pisoteada, pero se ve que ahora la ley del todo vale hace furor entre los políticos.
Se pregunta uno si todos estos que claman en favor de la familia y la unidad, ondeando la bandera de la rectitud, serán modelos de pater familias en sus hogares.
Ya me extrañaría...

El estado del mundo I

Resulta que llaman a declarar por presunto acoso sexual al director general de Telemadrid, Manuel Soriano. Piensa uno que seguro que este señor apoyaba la amplia cobertura que la cadena autonómica prestará a la manifestación del sábado. Y acaba uno construyéndose muchas arquitecturas en la cabeza.
Y una muy importante sería: ¿por qué los que lucen a gala ser más rectos son los que, al final, acaban siendo los menos indicados para hablar de rectitud?
Se admiten comentarios.

15 junio 2005

El trabajo, el estrés y otras cosas

Qué duro es esto de publicar y actualizar el blog de uno en pleno trabajo: cada vez que uno de mis jefes (tengo cuatro... tela) pasa cerca de mí, tengo que pulsar Alt+Tab y poner cara interesante y concentrada, no sea que se percaten de que estoy mirando Blogger, o intentando descubrir cómo funciona Blogshares (si alguien me lo cuenta, le quedo eternamente agradecido), o colgando imágenes en Flickr. Cualquiera que lea esto pensará que no tengo mucho que hacer a lo largo del día, pero nada más lejos de la realidad. Trabajo ocho horas como un auténtico operario del siglo XIX, aunque para mis responsables nada es suficiente, y aunque mi esfuerzo levantaría una estatua ecuestre en menos de dos horas, el caso es que me gano broncas por no escribir informes en tres minutos o cosas similares.
Creo que acabaré pidiendo un crédito, endeudándome hasta el cuello y montando una librería, que no me dará de comer, desde luego, pero me permitirá no aguantar a gente cuyos méritos son inexistentes y que, por el simple hecho de estar jerárquicamente por encima de mí, se creen con el derecho de hacerme la vida imposible.
¿Para cuándo el "Día sin Jefes"?

Dignidad

Mientras los bancos y las cajas de ahorro se enriquecen, nuestros sueldos descienden o, en el mejor casos, se mantienen en la mísera estabilidad en la que están enquistados desde hace años.
Por supuesto, nos ponen delante una Constitución Europea y, como los buenos borregos que somos (y siempre hemos sido), votamos , aunque para igualarnos con el resto de miembros de la UE faltan años, ganas y un enorme cambio cultural.
Entretanto, por poner un ejemplo, en la empresa de uno, que factura millones de euros al mes y que se expande geográficamente a un ritmo aterrador, los sueldos se han congelado en torno a los 750 euros, con subidas anuales acordes con el IPC, esto es, un 2 o 3%. Teniendo en cuenta los precios de los alquileres o las hipotecas, los de la comida, el transporte o el resto de servicios (no hablamos siquiera de ocio), sólo hay que imaginarse cómo anda el nivel de vida.
Y hay que protestar, desde luego, pero no porque vivamos mal (que algunos, por desgracia, sí), sino porque hay que conseguir mejoras, porque la economía del país crece gracias al esfuerzo conjunto de muchas personas que permiten enriquecerse desaforadamente a otras pocas. Hablamos de sueldos medios decentes, de ayudas y de subvenciones, de protecciones laborales y de condiciones de trabajo dignas.
En pleno siglo XXI, eso no debería ser mucho pedir.

14 junio 2005

Golf y ocio

Leo en arbiera (véase links) un comentario bastante acertado sobre los campos de golf y la sequía. Y leo, con consternación, el comentario de un anónimo, que por algo no habrá querido dejar constancia de su nombre, defendiendo el uso de estos lugares de esparcimiento y acusando al autor del post de envidioso.
Más allá de otras consideraciones prácticas, tal vez este señorito andaluz crea (si no era su única intención crear polémica, cosa que dudo) que los campos de golf, las pistas de paddle y los clubes de campo son el motor de la economía española. Tal vez este iletrado absolutista piense, como muchos de los más ricos del país, que los que no tenemos dinero para pertenecer a un club o comprarnos un juego de palos de golf (ni ganas, por otra parte) sentimos envidia de los "afortunados" que le meten golpes con un palo a una pelotita.
Que siempre ha habido clases, es indudable. Pero creer, obviando datos reales, que un campo de golf promueve la entrada de dinero por encima de la merma que su mantenimiento supone para una economía agraria, es de completos ignorantes. Los campos de golf consumen una cantidad de agua exagerada y no suponen un gasto necesario ni responsable; si un gobierno puede decretar medidas extraordinarias de ahorro (restricciones de consumo, de riego, etc.), no veo por qué un campo de golf, que no es otra cosa más que una actividad lúdica, debe gastar agua en detrimento del riego de cultivos, e incluso del consumo individual.
Recordemos que, frente al derecho de todos a divertirse y al uso de lugares de ocio y esparcimiento, está el deber de todos de ser responsables y hacer un buen uso de los recursos naturales a nuestra disposición.
Tal vez ese señor anónimo quiera dejar otro comentario en este post. Estamos a su disposición.

13 junio 2005

Lo que nos rodea

Esta mañana, en el autobús, había una muchacha, sentada dos asientos a la derecha de uno, que a mitad del viaje se echó a llorar. Las lágrimas le fluían como un torrente rostro abajo y sollozaba quedamente, sin ganas, como tratando de que los demás pasajeros no se apercibiesen de su pena.
Así ha pasado buena parte del viaje, secándose con un pañuelo la cara de cuando en cuando y derramando lágrimas sin cesar, atravesada de mucho dolor, a tenor del rictus que mostraba. Pero hete aquí que una mujer, ya mayor, tal vez de unos sesenta o sesenta y cinco años, se ha dado cuenta de que la muchacha (bien joven, no pasaría de los treinta) no hacía más que llorar y llorar, y se ha levantado de su asiento para acudir a sentarse junto a ella. La joven ni la ha mirado, más bien se ha dado vuelta para que su cara quedase mirando hacia la calle por la ventanilla y la señora no pudiese contemplar su pena tan de cerca. Sin embargo, la señora le ha puesto la mano en el hombro, con extrema suavidad, y le ha susurrado algunas palabras, imagino que para atraer su atención, acariciándola con cariño, hasta que la chica ha cedido y la ha mirado a los ojos, con los suyos aún empapados por las lágrimas.
No escuchaba lo que se decían, porque hablaban en voz baja, sin alharacas, como tratando ambas de no llamar la atención, pero la señora acariciaba el hombro de la muchacha y la tranquilizaba de manera visible, porque la chica ha dejado de llorar al poco e incluso ha sonreído un par de veces, con semblante agradecido, mientras asentía escuchando a la mujer, tranquila y sosegada.
Poco más he podido observar antes de apearme donde me corresponde, para acudir a un trabajo donde la gente engaña, se trata con desprecio o (en el mejor de los casos) indiferencia y la tónica habitual es salir por la tarde con una sensación de desasosiego y hartazgo muy desagradables. Pero eso se acabó. Ha sido uno testigo de algo maravilloso, que tiene que contener un significado que sólo entreveo, sólo percibo vagamente, pero que existe, es real y nos rodea.

10 junio 2005

Familias

El sábado 18 de junio el Foro Español de la Familia ha convocado una manifestación en Madrid contra el matrimonio homosexual, secundada por la Conferencia Episcopal y a la que acudirán diputados del PP, entre otras muchas personas. Es curioso que, ese mismo día, se celebre el concierto de Carlinhos Brown en plena calle; aunque, bien mirado, son dos tipos de espectáculos diferentes.
Lo que a uno le cuesta creer es que, a estas alturas, todavía haya quien se eche las manos a la cabeza por ciertas cosas, cuando el matrimonio es una institución libre y cambiante, no sujeta a reglas y que cada cual interpreta como le conviene. No me extraña que haya quien se exalte y se indigne, porque no es para menos.
Y es que es absurdo que la gente se lance a la calle a protestar por menudencias y majaderías cuando hay niños que son obligados a prostituirse, gente que en pleno siglo XXI muere de hambre y empresas que envenenan el medio ambiente para que sus propietarios acumulen tanta riqueza como el PIB de algún país africano.
Tal vez la Conferencia Episcopal debería dejar de mirarse el ombligo y no comprometerse con actos semejantes, cuando es público y notorio que el Vaticano tiene inversiones en industrias farmacéuticas responsables de la fabricación de la píldora anticonceptiva.
Basta de absurdos, por favor.

Pseudo-felicidad

Es posible que este blog contenga una mayoría de posts más bien pesimistas. Creo que, más que pesimistas, son críticos con lo que sucede alrededor o, en otros casos, faltos de fe en el género humano. Bueno, esto último entrará casi seguro dentro de las lindes del pesimismo, que según la RAE es la “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable”, así que tendré que retractarme.
Sin embargo, es palmario que los motivos para ser felices y estar satisfechos nos rodean por todas partes. El cielo azul por las mañanas es hermoso, la brisa en el rostro de uno es agradable, las charlas, los besos, los momentos de tranquilidad… Cada uno de nosotros tiene muchos motivos para sentirse afortunado, aunque, obviamente, los malos ratos existen y, por desgracia, haya que superarlos.
Pero, como sostenía Heráclito, “el sol es nuevo cada día”, que viene a ser una glosa del “no hay mal que cien años dure”, aunque Heráclito era un pensador contradictorio, pues también afirmaba que lo bueno y lo malo, todo es uno”, ya que no habría unidad si no existieran los opuestos. Lo importante es que el optimismo debería estar más presente en todas nuestras facetas, lo cual no está reñido con el compromiso, la crítica y, a ser posible, la acción.
Uno encuentra lógica la doctrina de Diógenes, el cinismo, en su forma más primitiva: esto es, en el rechazo de toda convención, aunque no como una desazón vital, sino como una forma constructiva de alcanzar la virtud y protestar ante el mal. Creo que lo razonable sería declararse algo así como un optimista melancólico (como Russell denomina a Plotino), en tanto que la injusticia y la desgracia nos rodean, pero estamos capacitados para hallar la felicidad por encima de todo ello.
En fin, una tremenda perorata pseudo-filosófica, hay que ver. Simplemente, habría que apreciar lo que tenemos y tratar de mejorar lo que es susceptible de arreglo, poniéndose manos a la obra y dejándose de blogs, de actitudes y de palabras. Militancia, por todo y para todo.
Pero, por encima del resto: seamos felices.

09 junio 2005

De abusos y otras gaitas

Mientras el PP se adhiere a cualquier manifestación que se celebre en España, a favor de lo que sea, el joven español medio vive con sus padres, gana poco dinero, no tiene trabajo estable... pero es optimista. Acabáramos: si uno no es optimista, ¿qué le queda? O nos echamos todos a las drogas o a la calle; como esto último no será, pues habrá que darle a las vegetaciones.
Anoche, en el estupendo concierto que Carlos Nuñez ofreció en Madrid, el público (entregadísimo) aguantó en pie diez minutos, al final del espectáculo, coreando y aplaudiendo, hasta que consiguió que el gaitero apareciese de nuevo en escena para arrancarse con la última canción.
Y se pregunta uno: ¿qué habría que hacer para que esa misma unión, ese mismo espíritu, nos conmoviese a todos para exigir una calidad de vida digna, una igualdad de condiciones laborales y salariales, seguridad en el puesto de trabajo, asistencia y ayudas para las madres trabajadoras, etc.? ¿Es que no hay nada, ningún motivo (y como si hubiera pocos: las subidas del IBI del señorito Gallardón, las obras, el encarecimiento del transporte público, el precio de la vivienda, la inestabilidad laboral...), que haga que nos manifestemos y les pongamos los puntos sobre las íes a los cuatro que nos desangran?
Sin embargo, seguro que todo el mundo anda preocupado por el empate de ayer de la selección nacional. Cualquier día de estos cuelgo aquí la cuenta de resultados de mi empresa y mi nómina, para que los que lo vean se echen a llorar.

08 junio 2005

Nóminas y derivadas

En la nómina de uno aparecen conceptos ininteligibles; entre desgravaciones, grabámenes, retribuciones, complementos funcionales y demás absurdos, lo único que queda claro es que cada vez se cobra menos para que unos pocos dispongan de un Z4 a la puerta del chalet.
En fin, que nuestras nóminas cada vez están más en blanco, porque no hay con qué rellenarlas, pero a nosotros nada nos importa más que el Tomate, la Salsa y el Corazón; pan y circo, como siempre ha sido.
Miles de personas se echan a la calle (lean el Palimpsesto para más información) para protestar por cosas no menos importantes, pero se callan y aceptan con resignación un orden establecido que sólo beneficia a los cuatro de siempre.
Sirva como ejemplo que en mi benemérita empresa no disponemos de un comité que exija los derechos que los trabajadores nos merecemos.
Así nos luce el pelo.

07 junio 2005

Terrorismo Ecológico

El vecino de enfrente ha instalado un aparato de aire acondicionado. Como es lógico, hace uso de él, aunque no sólo cuando aprieta el calor, sino a todas horas. Si corre una agradable brisa, el buen hombre tiene cerradas sus ventanas a cal y canto para que ni un soplo de aire gélido, proporcionado por una máquina que enturbia y vicia la atmósfera, escape de su hogar.
En esto, como en muchas otras cosas, demostramos que apenas hemos salido de las cavernas. El uso indiscriminado de ciertos utensilios es perjudicial para el medio ambiente (automóviles, aires acondicionados, insecticidas, etc.), pero nosotros insistimos en su utilización incorrecta. La falta de concienciación, que no es otra cosa que falta de educación, supone el deterioro de nuestro entorno y la destrucción del medio ambiente; algo que no es sólo peligroso, sino inmoral, porque, aunque sea caer en un lugar común, este mundo es el legado que habremos de dejar a nuestros descendientes.
Sin embargo, no somos conscientes del daño que causamos con acciones, la mayoría de las veces, tan insignificantes, que podríamos evitar con un mínimo esfuerzo. Nuestra educación y, sobre todo, nuestro sentido común deberían dictarnos unos hábitos ecológicos y saludables, pero el modo de vida que nos imponen algunos nos impulsa a hacer un gasto indebido, por excesivo, de los recursos que tenemos a nuestra disposición.
Sin llegar a extremos tipo Walden, propugnemos la adopción de maneras de vivir más acordes con la naturaleza, que es, al fin y al cabo, quien nos otorga todo. Los protocolos de Kioto no son responsabilidad de los gobernantes, sino de todos y cada uno, puesto que podemos aportar nuestros granos de arena.

Suplantación

Leo desde hace un par de días Gog, de Giovanni Papini. Algo intranscendente, si no fuera por perlas como esta:

Este mes he comprado una República. […] La ocasión era buena y el asunto quedó arreglado en pocos días. […] Anticipé algunos millones de dólares a la República y, además, asigné al presidente, a todos los ministros y a sus secretarios, unos emolumentos dobles de aquellos que recibían del Estado. Me han dado en garantía –sin que el pueblo lo sepa- las aduanas y los monopolios. Además, el presidente y los ministros han firmado un acuerdo secreto que me concede prácticamente el control sobre la vida de la República. […] Las Cámaras continúan legislando, en apariencia libremente, los ciudadanos continúan imaginándose que la República es autónoma e independiente y que de su voluntad depende el curso de las cosas. […] Yo no soy más que el rey incógnito de una pequeña República en desorden, pero la facilidad con que he conseguido dominarla y el evidente interés de todos los hincados en conservar el secreto, me hace pensar que otras naciones, tal vez más vastas e importantes que ésta, viven, sin darse cuenta, bajo una dependencia análoga de soberanos extranjeros. [....] tengo fundadas sospechas de que otros países son gobernados por pequeños comités de reyes invisibles conocidos solamente por sus hombres de confianza, que continúan recitando con naturalidad el papel de jefes legítimos.

¿Qué más se puede añadir?

06 junio 2005

Diferencias

El sábado 4 de julio se reúnen en Madrid cientos de miles (diferentes apreciaciones, como siempre, según las fuentes) de personas, tras la convocatoria de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, en una manifestación multitudinaria para exigir al gobierno que no entable diálogo con la banda terrorista ETA y continúe la política marcada por el pacto antiterrorista que se ha seguido en los últimos años.
En esta congregación se observa la profusión de banderas de España, de gritos a favor de la unidad de la patria y de masiva asistencia de un solo partido, ahora en la oposición, que convierten la manifestación en un acto contra el ejecutivo en el poder, más que una demostración lícita y pública de rechazo ante un proyecto o ley. El ex-presidente del gobierno, José María Aznar, encabeza, junto a altos cargos del Partido Popular, la marcha, repleta de pancartas descalificando a José Luis Rodríguez Zapatero y su gobierno.
A estas alturas, uno cree ya haber visto y oído de todo. En los últimos años hemos contemplado todo tipo de despropósitos políticos, de salidas de tono, de acciones que rozaban lo ilegal, de insultos, de leyes anti-populares, de decisiones que no correspondían con el sentir de una mayoría de población, de robos, de prevaricaciones, de actitudes vergonzosas, etc. Pero esto roza ya el absurdo. Y es, por ello, mucho más peligroso.
Dejando aparte consideraciones morales, las víctimas no pueden utilizarse de modo partidista. Cada uno es libre de adherirse a la corriente que más justa considere, pero no puede enarbolarse como símbolo de unidad territorial el dolor y la muerte, porque es un juego sucio, repugnante y despreciable. La oposición a ciertas ideas es deseable y, en ocasiones, necesaria, pero no arrogándose el derecho de usar el sentimiento y la pérdida como un arma que pueda utilizarse para zancadillear un proyecto.
Que ETA es una banda formada por asesinos y terroristas, todos lo sabemos. Con este tipo de gente no caben medias tintas, ni cesiones, ni perdón. Pero el diálogo no entraña nada de eso. El establecer conversaciones con representantes de la banda no significa ceder terreno en materia de política antiterrorista, ni soltar a los presos, ni rebajar las penas. Esas conversaciones, como queda claro en el proyecto refrendado en el Congreso de los Diputados por todos los partidos políticos con representación parlamentaria, excepto uno (el PP), sientan como condición que los terroristas abandonen las armas y no exijan al gobierno un precio político. Acusar, pues, al ejecutivo de “traicionar” a los muertos es, primero, hacer uso de un lenguaje espurio y bellaco, y segundo, erosionar los fundamentos de un estado de derecho que otorga la posibilidad de llevar a cabo ciertas iniciativas con el apoyo de una mayoría.
Agruparse bajo una bandera que unos cuantos consideran patrimonio personal y bajo unas víctimas que, lamentablemente, no tienen ya voz para expresar su parecer, es algo indigno de un partido político. El lugar para hacer oposición es el Parlamento, con ideas, con proyectos y con hechos. Es notorio que este gobierno no hace las cosas bien, pero, en este caso, se ha elaborado un proyecto, se ha presentado a consulta y ha recibido el refrendo de la mayoría del Congreso, por lo que, aun en contra, habría que optar por observar cómo se desarrollan los acontecimientos. Si acaso ese diálogo implicase, más adelante, la concesión de derechos (rebajas de penas, encarcelamientos) que la sociedad no considerase adecuados o justos, entonces sería el momento de intentar para los pies al ejecutivo y apercibirle de su error, pero no antes.
No puede olvidarse, además, que los que el domingo caminaban tras las pancartas también sostuvieron diálogos con ETA (a la que, en aquel entonces, denominaban con otras siglas más telúricas) hace siete años, como otros ejecutivos antes que éste, aunque, desgraciadamente, los esfuerzos resultaran infructuosos.
Es peligroso lanzar mensajes de desunión como los que se pudieron ver el domingo, pero más triste resulta ver que esas proclamas venían de bocas que representan a una mayoría de españoles en el Congreso. Es triste asistir a un espectáculo que utiliza a los muertos como arma arrojadiza en un debate político. Pero, sobre todo, es denigrante que unos pocos (o muchos, tanto da) se crean en la obligación de utilizar la unidad nacional como argumento en una discusión que no versa en absoluto sobre ello.
Ojalá pronto podamos dejar de ver esta polarización de opiniones y lleguemos a una diferencia sosegada y constructiva de ideas; aunque mucho me temo que no sea posible.

02 junio 2005

Revoluciones europeas

En una misma semana, dos contundentes mazazos a la futura Constitución Europea: primero Francia y después, aún más rotunda, Holanda.
¿Puede esto significar un cambio? Por supuesto que no, seamos realistas. Pero el rechazo de los votos de una mayoría al proyecto exclusivista de unos pocos siempre quieren decir algo. Es importante que el pueblo grite, aunque sea mediante esa herramienta inútil que es el voto, su indignación ante una idea que sirve a los propósitos de cierto estrato social. Lástima que los españoles no comprendieran la importancia de oponerse a un plan semejante y dejasen pasar (por abulia, por desconocimiento, por hastío) la oportunidad de decir "no" de la manera más democrática y, por ende, más rotunda. Este país se erigió en estandarte de un apoyo masivo a esa constitución oligárquica sin que nadie se opusiese, cuando estamos a la cola de Europa en todas las materias. ZP se arrogó un crédito inmerecido gracias a una población que no le otorgó el , sino la indiferencia. Muy propio de españoles, por otra parte...

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